1) Verifique el monto que tiene que pagar este mes. 2) Si le pasó como a mi que vi un aumento sideral del 40%, tome cuidadosamente cada una de las pantuflas que lleva puestas y revoleelas con fuerza contra una pared.. asegurese de que no haya nada colgado. Esto ayuda a hacer catarsis. 3) Luego ponga las manos con las palmas hacia arriba, arrodillese y murmure "por que a mi?, pedazo de desgraciados". Esto le da un respiro y una autocompasion medio innecesaria. 4) Respire profundo, varias veces. Tranquilicese y vistase para ir a reclamar a la sede central. 5) Llegue a la sede central... notará que llega con un aire de que va a romper todo, pero la espera burocrática hace que se apaguen todos los monstruos internos. 6) Cuando la chica lo atiende encare decidido, pausado y suave con un "realmente creo que es un error administrativo, me llegó esto con un aumento del 40%... " 7) Su tono anormalmente tranquilo intranquiliza a la empleada, la cual vuela a consultar e...
Dicen que la vida es el viaje de un boomerang. Un día lo tiras con cierta fuerza, con algo de dirección, y con una esperanza: cuando vuelva a nuestras manos, al menos tener la esperanza de haber atravesado sueños y de haber vivido en alguna medida lo que uno imaginó cuando tiró el boomerang. A los seis años me gustaban los animales, los juguetes con rueditas (autos) o que rodaran (pelotas), mirar los partidos de River Plate por el televisor blanco y negro de la cocina y soñaba con ser futbolista (la mejor arquera). A los siete años aprendí a jugar al ajedrez. Mi abuelo colocaba las piezas sobre el tablero a las seis y media de la mañana de los dias sábados, mientras mi abuela le cebaba unos mates. Todavía queria ser arquera pero también me apasionaba resolver esas situaciones abstractas de muchas maneras posibles. A los ocho años me llevé una fuerte desilusión con mi habilidad de carrera. Mas fuerte fue el impacto del árbol en mi cara. Eso pasa por correr mirando para atrás y ver...
Recuerdo que compré esa novela romántica en marzo. Como cada uno de los libros que descansan en mí biblioteca, no sé a ciencia cierta cuando es el momento de tomarlos y leerlos. Pero algo seguro daba vueltas por mi cabeza: las ganas de leerlo en voz alta cerca de tu oído con tu cabeza cerca de la mía y tus ojos cerrados por el reflejo del sol. Ese libro lo terminé hace una semana. Me tomó tres días dispersos en un mes. Tenía esperanzas de contarte ese párrafo bonito que había señalado y preguntarte que opinas. Esperaba en silencio y los días pasaban. Tu vida seguramente sigue por una línea paralela. Me pregunto qué estarás leyendo y qué pregunta tendrás en el borde de tu lengua. Siempre tenías preguntas para mí. Las juntabas por temas, sabores y colores. Las ordenabas en forma progresiva pero inversa. Tus preguntas no eras rectas pero eran directas. No había nada que no escapara de tu curiosidad. Hace rato qué pienso cuántas preguntas estarás juntando. Ya son seis meses de a...
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