Se evapora la noche
La noche tendría que ser líquida para que algo de calor la evapore. Lo aclaro de entrada para no crear un texto lleno de expectativas y con un remate al ángulo del asombro. Sin embargo, no hace falta que la taciturna caminata de la luna en el cielo tenga matices parecidos al agua o a la tinta. Simplemente se evapora cuando las horas pasan.
Entiendo que la costumbre pide que nada se resuelva en el primer párrafo pero estoy sentada entre manuscritos de estadística social, un vaso reutilizable lleno de té blanco y una lámpara que en cualquier momento me pide que confiese mis sueños. Empecé a fingir demencia a las seis de la tarde y creí que la nocturnidad me abofetearía a las 22:30 sin remordimientos. Pero pasaron 22 minutos de esa bisagra mental y todavía la noche está sólida.
No me importaría caer de a poco en eufemismos complacientes para los ojos del lector que romantiza cada minuto de quien escribe. Se vive como un derrape por la colina entrando en velocidad y topándose con piedras que pegan en medio del pecho o las entrañas.
La escritura es la quimera que si no se arranca desde adentro no podrá enquistarse en ninguna capa profunda de la epidermis. No sobrevive si se la escupe con cualquier palabra o se le atropella sin puntos ni comas. Se vuelve un borrador terapéutico que luego se guarda o se tira porque sabe a que hubo una intención de decir algo, y al final no se dijo absolutamente nada.
Y no hay que expresarse atravesado pero sí pensar que alguien lee. Nunca olvidarlo...porque la noche se evapora para los dos que se miran por la pantalla a través de la tipografía. Es como una sustancia escurridiza y a la vez un ancla que no alcanza a agarrarse del fondo.
La noche se evapora y no hay nada que lo evite.
Comentarios
Publicar un comentario
Leo tus comentarios...