El hombre que hablaba al alma

 Dicen que a los hombres no les gusta hablar, pero yo encontré uno que sí. Todos los días abría bifurcaciones de la palabra amor. No le daba de lleno al tema pero sí a todo eso que viven las personas cuando no suelen administrar bien el sentimiento. Hablábamos de nuestros ideales disfrazados de teorías inconclusas, de interrogantes y premisas que se entremezclaban entre el café de la mañana, las actividades de la tarde y el insomnio de la noche. 

Encontré un hombre que le gusta mi cerebro. Aunque suene muy biológico y hasta casi zombie, él lo estimulaba con su curiosidad. Me daba la chance de responder y de escuchar, y creo que así sanamos un poco nuestras heridas. Creo que me admiraba un poco , aunque yo lo único que hacia era compartir la versatilidad de mis neuronas y la plasticidad de los recovecos de recuerdos. 

Él buscaba reconstruirse a sí mismo, luego de encontrarse. Algo muy personal lo dejó con el corazón sangrante meciéndose sobre un vacío lleno de melancolía. Y en ese andar de la vida o de ese desandar estiré mi mano para que no terminara de caerse al fondo del pozo. Yo había estado ahí y lo quise acompañar. 

Pasaron los días y él mismo recogió los pedazos de su corazón. Los pegaba con respuestas filosóficas que desmenuzábamos hasta las cinco de la mañana. Y el tiempo hizo que se sintiera mejor con un corazón lleno de cicatrices pero con la mirada más iluminada. 

Llegamos a conectar de tal forma que hablar con él era respirar profundo bocanadas de sensibilidad, inteligencia y creatividad. Era el bálsamo de mis días nublados. Él me hablaba directamente al alma y le hacia cosquillas. 

Él preguntaba el significado del amor pero no se dio cuenta que lo construyó cuando conectamos alma con alma. Los temas nunca se agotaron. El silencio era un capítulo para pasar rápido y volvernos a encontrar en conversaciones divertidas, agradables e interesantes.

Solo tengo palabras de agradecimiento porque ese hombre que hablaba al alma valió la pena cada minuto que compartimos juntos. 

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