El mundo es un aperitivo insano

Mí ejercicio mental empezó por trasladar el mundo a una coctelera imaginaria. Primero, unos pedazos de hielo antártico. Vital para todo trago que necesitas comience intenso y se vaya licuando con el pasar del tiempo. Segundo, una bebida fuerte en homenaje a los que nunca se rindieron: pestes, guerras y gobiernos repudiables; a todo sobrevivieron. Tercero, una bebida frutada en honor a los pueblos de alma rota pero de sonrisa presente, y también por las generaciones nuevas que se perciben de todo y no terminan de definirse conceptualmente porque deconstruirse es la moda. Cuarto, hay que tapar y agitar...y caben todas las anécdotas políticas que quieran: grietas, revoluciones, pactos, golpes, recuperaciones, secretos de estado... Quinto, se vierte en el vaso. Los aromas mezclados, los colores, las proporciones. Sexto, se incorporan unas hojas de algo: pueden ser hojas de diarios como los que escribieron muchos refugiados, soldados o números sin nombre intentando dejar un legado; pueden ser cartas: de amor, de odio, de paz o declaraciones; pueden ser las de menta en abundancia o escasas como las ramas de los pulmones naturales de nuestro planeta. Séptimo, se incerta el sorbete con media vuelta de tintineante sonido antártico y se deja reposar unos segundos.

El barman observa desde lo alto la humanidad dentro del vaso.

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