La puerta de hierro (2003)




Mucha sabiduría tenía la puerta
que estaba en mi cocina
capaz de cambiarte el destino
a su gusto, hacía y deshacía.

La sabia era de hierro
y de blanco ella vestía
no lloraba, ni reía,
solamente ahí estaba.

En el hueco que dejaba
cuando un caminante la abría
la acompañaba noche y día
un ventilador avejentado.

Y allí estaba el condenado
ocupando el pasillo
nadie lo podía correr
porque enseguida enmudecía.

Esto no era mucho problema
si todo hubiera sido de otra manera,
pero la mesa en que comíamos
del otro lada nos miraba y se reía.

Si uno quería pasar
al señor había que esquivar,
y de la señora cuidarse
si no quería uno lastimarse.

Era una noche acalorada
cuando estaba en el embrollo,
tenía una pierna de este lado
y la otra asomando por el otro.

Tenía en las manos una fuente
que tambaleaba como loca,
mientras que trataba de pasar
por encima del que mal lo colocan.

Mi pie estaba atascado
Mi madre estaba impaciente,
el cuidado era excecivo
y el esfuerzo justificado.

Apareció una sugerencia estresada
de los labios y acción de mi madre,
preferí ahorrarme una nalgada
y me llevé la puerta por delante.


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