Alergia de primavera
La alergia. De esto hablé con una amiga de la alergia que me traia la primavera. Gloriosos minutos de la tarde entre té y gajos de fruta (si, cambiamos los hidratos por fibra) , contándole la alergia que me daban las flores. Entra su marido y que trae en manos?
Al finalizar la tertulia. El reloj indicó la hora de irme y en el umbral de la calle me detuve y le pregunté "dije alergia en vez de alegría , no?"
Un ramo de flores.
Y no un ramo de flores cualquiera. Un ramo de fresias. Mi amiga me miró desconcertada porque yo miraba encantada el ramo, mientras ella lo olía, lo estrujaba contra su pecho y no sabía dónde ponerlo. Miraba para todos lados y buscó un florero, pero ya se sabe que nunca se encuentran cuando se necesitan, así que agarró una botella. Le depiló las hojas y las forzó a entrar todas juntas.
Y me miraba, disculpándose con palabras que no terminaban de empezar. Con las primeras sílabas de torturantes palabras de "per... ya... te.. .ehm... yo... ahor... pon... y... te... las... pong... afue...". Divino su monólogo, lleno de pausas y de apuros.
Y me miraba y gesticulaba señales de ideas en el aire.
Sacó el ramo de la botella porque se dio cuenta que le faltaba agua. Y sonreía nerviosa. Es que cuando te querés apurar no te sale nada.
Me levanté a hacerme otro té y corrió el florero, las flores y a ella misma como dos metros. Y yo la miraba, entendiendo lo que estaba pasando. Me conmoví.
Le ofrecí un té mientras ella hería por el apuro alguno de los tallos, conseguía meterlas y esperó que me sentara . Le puso una bolsa de nylon a las flores por encima. Y luego sacó florero y flores al balcón.
Seguimos hablando de las alergias, de la alergia a la humedad...que sería feliz si me mudara a un lugar seco. Esa era la peor. Y ella se desentendió del ramo. Hablamos bastante, de otros temas que yo aprendo de a ratos, cómo combinar las carteras , los zapatos y los cinturones. "yo uso lo que creo que va" parece no estar de moda. Y siempre me llevo recomendaciones. Claro que no voy a seguir o quizas en algun momento recuerde.
Y luego se puso pálida. Entró el marido "las encontré afuera" y puso el florero en medio de la mesa, a cincuenta centimetros de mi nariz. Y yo levanté la vista y no paraba de reirme, hasta que me detuvo en seco un gajo de mandarina que se fué por otro lado que no era el esófago.
Ella levantó el florero y salió al balcón, en el medio le debe haber mirado al marido con esas miradas de "no me discutas". Clásico, nunca discuten en público. Mientras tanto yo saboreaba el té de manzana y canela.
Volvió muy acalorada, por la situación, algo nerviosa. Y con una motivación extra de ofrecerme un pastel de manzana. Estábamos de acuerdo en el grosor del puré de manzana "generoso". Dos buenas porciones, una para cada una. Y tomamos más té.
Al finalizar la tertulia. El reloj indicó la hora de irme y en el umbral de la calle me detuve y le pregunté "dije alergia en vez de alegría , no?"
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