Algunas verdades de la relación entre la mujer y su cartera.
Encontraste la cartera que tanto buscaste para
llevar ese día, guardada en aquel lugar que intuiste primero pero que
verificaste como última opción.
Como sos muy meticulosa con tus pertenencias,
al abrirla encontraste dos tremendos bollos de papel de diario para que no
pierda la forma.
Vas reuniendo las cosas que vas a poner
adentro siguiendo un protocolo de prioridades que ya te sabes de memoria.
Lo primero es la billetera, que siempre la llevas
a todos lados para no perder la cedula de identidad (que sacaste después de
haber perdido el documento una vez en la calle y otra vez en las fauces del
lavarropas). Claro, esta sería una tarea
fácil de no ser porque tenes media docena de carteras y tres bolsos distintos
que llevas según la ocasión. Entonces se
generan frases como estas: “¿Dónde la
puse?”, “¿Cuál fue la últma cartera que usé?”, “¿Cómo no esta acá?”, “¿Quién la
cambió de lugar?”. Y con todo
desparramado, finalmente la encontraste en el bolsillo de una campera.
Así que después de poner todo en su lugar,
porque no podes soportar tu propio desastre, buscas las demas cosas que vas a
llevar, a saber:
-
Celular.
-
Un estuche en donde guardas pinza
de depilar, espejito y maquillaje que usas en esa ocasión.
-
Desodorante.
-
Pequeña toalla para secarte las
manos, por las dudas que no haya con que secarte.
-
De paso llevas un jabón pequeño
que envolves en la toalla.
-
Un perfumero con la fragancia que
usas para ponerte más cada vez que puedas.
-
Un anotador chiquito con una
birome.
-
Un mazo de cartas tipo españolas
para mostrar ese truco que te enseñó alguien que no recordas pero es el boom a
donde quiera que vayas.
-
Un pañuelo de tela por si te
emocionas con algo o estas resfriada.
-
Un paquete de pañuelos descartables
para cuando el pañuelo de tela no aguante más.
-
Dinero que no guardas en la
billetera, sino en un recoveco oculto de tu cartera.
-
Un monedero con las monedas que
recolectas de todos los bolsillos de tus pantalones.
-
Las llaves de casa.
Ya con todo esto metido en la cartera procedes
a cerrarla, entonces: “¿¿¿Por qué no cierra???”
Sacás todo de adentro y haces un estudio
arquitectónico y geométrico de la cartera y colocas todo de nuevo. Cuando queres cerrarla: “¿¿Qué le pasa a esto
que no quiere cerrar??”
Sacás la mitad de las cosas. Las amontonas afuera y te das cuenta que el
volumen del contenido es mayor que la capacidad del contenedor. Entonces empezas a remover cosas de las
cuales te vas a arrepentir de haberlo hecho.
Con mucho esfuerzo y midiendo el nivel de descontento que produce cada
opción, resolves que no es momento para hacerse la Copperfield y apartás el
mazo.
Volves a meter todo: “Ahora tiene que cerrar”
Efectivamente entró todo y va queriendo cerrar
pero se detiene con total impunidad a la mitad, donde hace mas panza la
cartera. Mirando con detenimiento en el
interior, te das cuenta que el estuche de cosméticos entorpece todo, entonces
lo sacás. Acomodas el desodorante a un
costado y el estuche del otro lado, y en el medio dejas lo mas blando. “Bueno, la última es la vencida”.
Ojalá fuera la última. Con tu mejor esfuerzo estas a tres
centímetros de cerrarla completamente.
Sin ningun atisbo de resignación apelas al
recurso final: la sacudida. Sabes que
funciona con el mate: cuando agitás, lo más liviano se acomoda arriba. Así, encomendas tu fe a las leyes físicas del
universo y para acompañar cerrás los ojos (no se sabe porqué)
Después, colocás la cartera en la mesa, probás
cerrarla y... “¡Tomá! Mente superior domina a mente inferior”
El problema es que cuando la abrís para
memorizar la ubicación de las cosas, tenés que rescatar el celular del fondo
porque no te quedó muy cómodo y ni que hablar de las llaves, por las que
tendrías que contratar un grupo de exploradores. Así que sacás ambas cosas, acomodas
nuevamente todo porque “es un quilombo, no se encuentra nada”. Luego reubicas el celular y las llaves
arriba, aun sabiendo que siempre... siempre... siempre terminan abajo.
Y después de haberle ganado a una cartera, te
sentís una heroína mitológica. Por lo
tanto, con ese humor, la salida es un éxito.
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