Anhelado silencio de café
por Celeste Gonzalez
Frente al obelisco en la ciudad de Buenos Aires hay una cafetería de sillones vistosos y gente que desayuna al compás de covers en estilo Bossa . En cada mesa el silencio se gestiona de diferentes maneras aunque el mutismo, parezca a simple vista, el factor común.
Sin embargo, siempre hay alguien que invierte mal su tiempo. Hay quienes le dan vueltas en su cabeza a problemas, como si fuera una madeja desordenada, en búsqueda de la punta del hilo; y están los otros, que interrumpen el silencio ajeno con vanalidades del mundo superfluo.
Los devoradores del silencio son personas que no soportan la calma y la quietud de la "no expresión de la voz". Toman el teléfono y llaman a distintas personas para hablar de unos y de otros como si las orejas ajenas estuvieran preparadas para la catarata de chismes sin argumento y con toneladas hiperemocionalidades. En el transcurso se observa la desesperada maniobra de demostrar que no tolera la soledad, el silencio y la sociabilizacion compartida de la calma.
El ambiente adquiere la forma de una nube amorfa de incomodidad. Pero es el lugar perfecto...con una voz chillona, monótona y deslucida. El simbronazo sufre una pausa y la puerta se abre. Otra voz que se cree ombligo del mundo se sienta en esa mesa y habla en voz alta de otras ajenas ausentes, de temas vagos, de comentarios que comienzan en su cabeza y terminan en voz alta. Y luego la otra mesa hace sonar su teléfono varias veces con la vista pérdida y se trenza en una discusión de souvenires e invitados. Y la otra mesa , acomoda la silla en una coreografía interminable de vals para no llegar a ningún lado.
Y de fondo el cover en Bossa que recuerda la calma entre los nerviosos golpecitos de la lapicera en esta mesa.
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