Regreso al futuro en la calle comercial.
La vidriera me tenía atrapada por una razón muy simple: estaba llena de manteles y cortinas de navidad. Mientras tanto mi cerebro hacía ecuaciones temporoespaciales. Cabía la posibilidad de haber entrado en un portal y que se haya producido un salto al futuro. ¿Artículos de navidad en abril? Los datos tenían que ser constatados.
Me alejé del local unos metros. Nadie estaba apurado. No estaba la gente atiborrada de paquetes, ni de niños llorando, ni un adorno en algún lado.
Le pregunté a una mujer qué día era y el año. Me contestó con cautela, ayudándome a tomar asiento en una silla del bar contiguo. Pidió un vaso de agua y me lo acercó. Preguntó mi nombre y se aseguró de que no estuviera perdida.
Su actitud me asustaba. Tomé un sorbo de agua y fue un viaje sin retorno. Escuché en silencio la fecha retumbando en mis oídos. Me aferré al vaso como si fuera lo único real. Y me di tiempo. Los ojos de la mujer me miraban con calidez y alcancé a escuchar un lejano murmullo de su boca. Luego la vi alejarse.
Dejé el vaso en la mesa y volví al comercio de cortinas y manteles. La empleada tenía puesto un delantal de cocina navideño. Me acerqué sonriendo y le dije: "tu bendita oferta navideña en Abril, casi me mata de un infarto". Giré y me fui, tropezando con papá Noel y treinta de sus asistentes en el camino.
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