El reseteo pandémico de Osvaldo
Miércoles de Julio, exactamente el 16.Ya estamos finalizando la tercera cuarentena si cada una equivale a cuarenta días. Pero también aprendimos que no importa la cantidad de días, sino para qué sirve. La gente no se pone de acuerdo si cada vez que sale el sol es domingo o finalmente se nos cumplió con intereses y cada ocaso trae un futuro día Osvaldo. El mítico día que todos deseábamos entre el domingo y el lunes.
Se parece a mi precuarentena, salvo que me faltan las salidas a la casa de mi mejor amiga o alguna salida cultural o de entretenimiento de mi gusto y elección. También le falta la posibilidad de subirme a un micro y hacer unos cuantos kilómetros para dar alguna charla, un curso o ir a ver como pegaba los rayos de sol en el cordón de la vereda de una plaza en una localidad lejana. Minivacaciones le dicen. Yo le llamo microvacaciones, porque es justamente en el vehículo que me transporto.
Algunas personas cuentan los días. Los cuentan como si fueran presos deseando salir para recuperar la libertad. A veces los miro y sin preguntarles hago algo no recomendable: suponer. En ese ejercicio, supongo que la cuarentena no les sirvió para nada, que van a seguir haciendo lo mismo de antes. ¿Y yo? Creo que en estos cuatro meses viví más cosas que si todo hubiera estado normal.
El primer mes fue esperar que venga la normalidad sin mucho deseo de hacer nada. Me parecía a todos esos que cuentan los días pero ni siquiera con ese hábito que produce un aumento de sensación de claustrofobia. ¿Para qué contarlos? En algun momento dije "esto se extiende hasta septiembre, con mas confinamiento o menos". Entonces me relajé mientras la gente al rededor mio creía que no me importaba nada o que no entendía la magnitud de los hechos. Tampoco quería generar mayor discordia hablando de como los planetas me caen en la carta astral y que en realidad no es que no me importe la realidad sino que la trato con respeto y busco la forma de que todo sea más funcional, y el que quiera acompañar bien y el que no que haga un curso de anger managment.
Una cosa que aproveché a hacer es todo eso que tenía pendiente excepto lo que siempre me traía una duda. Aun sigo sin poder barnizar el ropero de mi dormitorio porque no me decido en el tono que le quiero dar. Pero si hice un montón de cursos gratuitos. Comprendí mi misión en el mundo, medité para salvar el mundo, visualicé para dormir, para sacarme algunos dolores del cuerpo, para desbloquear algunos chakras, para encontrar cual es mi próximo objetivo en la vida.
Crecí de adentro para afuera. Esa es una cosa muy alentadora de esta cuarentena. Releer libros que crei no recordar. Fue rápido. Las epifanías aparecían en mi mente como luces en un árbol de navidad. Empecé a comprender sucesos que antes no entendía. También actué con más fortaleza. Me di cuenta que ya no estaba en el mismo escalón de antes. A veces quería hablar y reprochar y quejarme y enojarme...y no lo hacía de la misma forma que antes. Descubrí que el silencio sana las palabras que pueden hacer doler. Y que cuando uno escucha lo que no quiere oir es preferible responder con compasión. Y eso significa, hacer que todo sea valioso. Que los hechos que no comprendemos también sean experiencias de conocimiento. Que a veces esta bien no entender y dejar fluir. Crei más y opté por querer ver menos para comprobar certezas. No es aprender a vivir sin saber qué pasa, simplemente es dejar que las cosas pasen. Apagar el ego, volverse humano. Pero un humano con conexiones que edifiquen. Aprendi a sembrar en todos los suelos y regar sin expectativas, y que el momento de cosecha me sorprenda con lo mejor que me pueda dar.
Me senté en silencio en medio de mi habitación escuchando música y sintiendo tranquilidad. De alguna manera no deje de cumplir lo que había planificado para el año, pero me fue mejor. Juntarme con las personas correctas me hizo creer que podía llegar más lejos incluso. Creer en mi hizo el resto. Encontré actividades que siempre me gustaron pero que ahora las hago como diversión y con el tratamiento profesional inevitable. Cada charla por las redes tiene preproducción, tratamiento y postproduccion.
Alejarme de algunos lugares virtuales también me llevó a otros caminos mas sorprendentes. No es la fama , ni los likes. Es verme feliz haciendo lo que hago. , conectarme con otra gente que ni conozco pero le apasiona lo mismo que a mi. Pero esta vez, tratando de entender esos mundos nuevos. Sintiendo que puedo llegar más lejos. Creer que todo puede ser mejor. Con proyectos nuevos, involucrada en emprendimientos. Estoy reseteando hasta lo que ya tenía olvidado. Junté todas mis partes para hacer mi mejor versión, y aunque todavía estoy en construcción, me gustaría agradecer esta alocada suerte global de quedar aislada del mundo.
Sacrifiqué el gesto que más me gusta. Abrazar a la gente que quiero. Pero yo, en estos cuatro meses soy mejor persona.
Cierro mi transmisión, en este 16 de Julio de 2020. Un día Osvaldo como los últimos 119.
Autor: Celeste González
Cierro mi transmisión, en este 16 de Julio de 2020. Un día Osvaldo como los últimos 119.
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