El destino de la papa

Está es mí gran premisa de la vida: cada momento que vivimos es una respuesta a una petición que hicimos en algún momento.

¿No les pasa que al ver con detalles algún suceso, se terminan maravillando, como si un bot de Dios hubiera entrado en sus pensamientos y de repente les pone adelante la respuesta como spam?

Hace unos días me pasó con un cono de papas fritas. Y parecerá un poco sin sentido, pero es digno de conmoverse con la misteriosa sincronía del universo. De alguna manera está todo conectado y yo esa tarde comprendí que ese como de papas no era para mí.

El tema comenzó cuando yo le pregunté al universo "¿Cómo saber si algo no es para uno?". Hagamos un paréntesis. Filosofos de la historia han madurado sus neuronas con mejores preguntas a los dioses, las estrellas, los espíritus, pero ninguno fue a terapia. Debo confesar que en alguna ocasión le he preguntado a un profesional algo que ni el mismísimo oráculo podría contestar, y hay que ver la cintura cósmica que tienen algunos para dar una respuesta.

Volvamos a la tarde de las papas. Estaba con ganas de merendar algo salado. No voy a detenerme en ese debate. Y le pedí a alguien que me comprara un cono, aprovechando que esa persona se iba a comprar uno. Hasta aquí todo normal.

Sin embargo tardé mucho en decidirme. Que sí, para no llegar con hambre a la cena. Que no, porque rompía la dieta. Que sí, porque era un gustito permitido. Que no, porque vaya a saber cuándo cambiaron el aceite. Así de relajada estaba mí mente.

Me decidí. Le di cuenta pesos a la persona en cuestión y esperé. ¿Qué podría salir mal? En quince minutos como mucho estaría disfrutando mis papas. Bueno, aquí empiezan los mensajes concatenados que responden tus respuestas existenciales y que uno generalmente ya no puede retroceder.

Además de esos quince minutos, tuve que esperar otros quince que mí porción de papas se cocine. Y mientras tanto la personita en cuestión comía sus papas doradas y tiernas, relajadamente. Porque para su porción había papas. Justo cuando la empleada tuvo que llenar mí cono, se le acabaron.

Finalmente estuvieron listas y llegaba la hora de disfrutar de esas deliciosas papas  pálidas, con chorreante aceite y una inusual saturación de material sódico.  Espero que se haya notado la ironía, porque sentí que poco a poco se alineaban los planetas para que cayera un meteorito.

A la hora fui al baño. Casi incontinente las ganas de hacer el trámite y es cuando entendí la respuesta del universo: "no es para vos cuando resulta una cagada".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo afrontar un aumento irracional de una factura de prepaga

Un poco de mi vida...

Estás en mí mente aunque cambie de libro