El destino de la paloma

Era una de esas tardes que invitaba a desandar la vereda sin mirar demasiado las vidrieras, pero si las personas que hay al rededor. Afortunadamente mi vista no estaba puesta sobre un punto lejano, sino que iba escaneando el la textura de un piso rugoso. Allí la encontré...

Era una paloma de esas que no pertenecen a las afueras de la ciudad. Suelen estar en grandes urbes comiendo alborotadas en los parques públicos migajas de pan y de sueños olvidados. Pero esta, estaba lejos del smog. Quizas generaciones anteriores hayan venido buscando mayores posibilidades para procrear.

Hay demasiadas palomas de este tipo. Las autóctonas han emigrado; las torcazas aparecen muy raramente. En cambio esta otra, conocida popularmente como "paloma de plaza de mayo", esta mas arraigada y ya es parte de lo cotideano.

Volviendo al relato...la paloma estaba quieta en el piso. Mansa. Esperando su último minuto. En medio de la vereda iba a llegar mas rápido. Cualquier distraído la patearia o pisaría.

Un niño le sacaba fotos. Le pregunte que hacia y su respuesta fue conceptualmente correcta "estoy sacandole una foto". El segundo interrogante no tardó en surgir y el niño respondió "¿como para qué? Para el facebook". Que deteriorada que esta la sociedad. Lo pensé en ese momento y todavia lo sigo masticando.

Dejé mi bolso en el piso y acaricié la paloma. El niño guardó su teléfono solo para decirme "no la toques esta enferma". Le mostré que tenía una patita lastimada. No dijo nada mas. Intentó sacar de nuevo su teléfono móvil y le pedí que buscara un lugar para que estuviera a salvo. Cómo buen hijo le consultó a su madre y fue esta la que subrayó "no me importa" y se hundió de nuevo en la pantalla de 10 pulgadas de su tablet. Asi estamos.

Cargué la paloma entre mis manos y le pregunté al niño dónde pensaba que podíamos dejarla para que nadie la pateara. Creo que nadie lo habia estimulado nunca a crear alternativas. No se le cayó una idea, ni real ni ficticia. Esperé pacientemente. Mientras tanto la paloma se dejaba acariciar mansamente. El niño le tomó otra foto.

Caminé unos pasos y la deposité sobre un cantero elevado de cesped y flores. El pequeño seguia en su accionar. "Puede que se este muriendo" y lo miré a los ojos. Ese niño no tenía brillo en la mirada. Ni nada que transmitir, ni una gota de emoción, ni de empatía. No habia nada. Una mirada vacía. "Se va a morir" repitió bajito. No estaba segura de lo que había pasado. Pero... volvió a sacar una foto.

El destino de la sociedad es un poco mas perturbador que el de una paloma herida que se abandona a merced de otro riesgo mayor. Esta en la naturaleza. Sobrevivir o dejarse morir cuando no puede mas remontar. Alas y patas importan. Pero quien puede remontar esta sociedad perversa de viralizar una paloma lastimada...cuando la herida verdadera es esa indiferencia a la vida. Una pequeña vida como una paloma indefensa. Una gran sociedad egoista y sin sentimientos.



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