El pueblo sin bocas no se equivoca.

Esta es una historia en un pueblo muy particular, en donde podían correr, trabajar, aprender y soñar, pero lo que no hacían era hablar. Pasaban el día recolectando papeles, que usaban y volvían a utilizar, escribiendo con lapices y pinceles, sus pensamientos, comentarios, chismes de barrio y todo lo demás.

Eran personas bien educadas y todas alfabetizadas pero no tenían boca para hablar. Comían con los dedos,
si es que ustedes quieren saber, apoyándolos en los alimentos para sus nutrientes absorber. Quizas debían ser mas precavidos, los "sin bocas", porque no es sabroso todo lo que se toca. De ahi que siempre llevaban
guantes saborizados de frutilla, menta y vainilla, desde los niños a hasta los ancianos.

Cuentan que un día sus impuestos elevaron, así también los precios de los papeles y de los guantes saborizados, entonces los sin bocas pidiendo comprensión se movilizaron.

Desde ese día y por cuatro años a los sin bocas les han prometido que si los impuestos pagaban, unas relucientes bocas les regalarían para que puedan hablar sin papel y sin necesitar con los dedos comer. Los sin bocas aplaudieron y durante cuatro años esperaron.

Cada año distintas cosas les han otorgado, con los impuestos que han pagado: globos para fiestas que jamas han inflado, sistemas de alcoholemia que nunca han soplado, teléfonos fijos por los que no han hablado
y recitales en los que no han cantado. Más el tiempo ha pasado y ninguna boca se ha implantado.

Un sin boca, un día, ya cansado de tanta promesa incumplida decidió con convicción tener la iniciativa.
Reunió a vecinos, amigos y conocidos en importante asamblea, para debatir con todos cada uno de los problemas.

Antes los sin bocas vivían unidos, sin necesitar bocas estaban convencidos. Ahora muchos se dejaron convencer, que a cambio de sus impuestos una boca les podía corresponder, y que si seguían pagando
hasta estómago y dientes les iban a poner. Esto que lógicamente sonaba a espanto, a muchos sin boca les parecía adelanto y los pensaban seguir votando para, sus bocas, seguir esperando.

Entonces al vecino con iniciativa, se le ocurrió una alternativa:
"¿Qué tal si los sin bocas por bocas esperanzados y los sin bocas, sin bocas naturalizados,
nos unimos y arriesgamos?, ya que estos en sus promesas han fracasado confiemos en otros funcionarios."
Se hizo un silencio de lapices y pinceles, después de unas preguntas en papeles, escribieron propuestas en paredes.

Los sin bocas un acuerdo habían alcanzado: no seguirían permitiendo con sus impuestos ser extorsionados
y menos con sus anhelos ser emocionalmente estafados haciéndoles creer que todo era a modo de regalo.
Asi los sin bocas se habían convencido, irían barrio por barrio charlando con vecinos, con amigos y conocidos, con tíos, sobrinos y también primos.

Todos unieron esfuerzos como hermanos, en buenos terminos y bien educados, con slogan alegre "sumemos y construyamos", llegando a todos lados. Al poco tiempo ya estaban ayudando: los por inseguridad angustiados, los perseverantes sin asfalto, los insistentes desempleados, los sin hospital olvidados.

Los sin bocas trabajan sin descanso, saben bien que se aprende a no repetir el pasado, ni alimentar el presente fallado, eligiendo justamente con espíritu renovado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo afrontar un aumento irracional de una factura de prepaga

Un poco de mi vida...

Estás en mí mente aunque cambie de libro